Un rey quería saber tres cosas: cuál era el mejor momento para actuar, quién era la persona a la que debía prestar atención y qué tarea merecía ir primero. Estaba convencido de que, si encontraba las respuestas, podría acertar en todo lo que emprendiera.
Escuchó consejos muy distintos y decidió visitar a un ermitaño. Cuando llegó, lo encontró cavando. Le hizo sus tres preguntas, pero el hombre siguió trabajando. Al verlo cansado, el rey tomó la pala y se puso a cavar en su lugar.
Ya caía la tarde cuando un hombre salió del bosque con una herida. El rey y el ermitaño lo atendieron. A la mañana siguiente, el desconocido le confesó al rey que había ido allí para matarlo. Mientras lo esperaba, se había encontrado con sus guardias, que lo hirieron. Ahora le pedía perdón a la misma persona que le había salvado la vida.
Antes de irse, el rey volvió a pedirle al ermitaño que respondiera sus preguntas. El ermitaño le hizo mirar lo que acababa de vivir. Mientras cavaba, la persona que necesitaba su ayuda era él. Más tarde, lo urgente era atender al herido. En ambos casos, el rey había tenido que decidir qué hacer con lo que estaba pasando delante de él.
Tolstói nos invita a prestar atención a quien tenemos delante. Desde el aula, esa lectura abre otra pregunta: ¿cómo escuchamos a quien pide ayuda y hacemos espacio también para quienes nunca levantan la mano?
Cuando el plan se encuentra con alguien
Hay un momento del cuento al que vale la pena volver. El rey todavía está esperando una respuesta cuando nota que al ermitaño le cuesta seguir cavando. Toma la pala. Lo interesante es que ese gesto, que en principio parece ajeno a su búsqueda, acaba siendo parte de la respuesta.
Pensemos en una reunión para organizar las actividades de la semana. Una colega dice que su horario cambió y que ya no podrá hacerse cargo del trabajo que le asignamos. Quizá la primera reacción sea pedirle que lo vea después, para seguir con la agenda. Pero si el reparto de tareas depende de ella, escucharla en ese momento puede ahorrarle un problema al equipo entero.
¿Recuerdas una ocasión en que escuchar a alguien te hizo cambiar un plan que ya dabas por resuelto?
¿Y quienes no están delante?
Aquí es donde el cuento se vuelve más interesante para conversar. Una maestra puede escuchar a un estudiante que pide ayuda y, al mismo tiempo, necesitar saber qué les está costando a quienes nunca levantan la mano. En una reunión, la persona que pide un cambio de horario tiene razones que merecen ser escuchadas. También importa quién cubrirá ese horario y si pudo participar en la decisión.
La próxima vez que leas el cuento en grupo, vuelve a la escena de la pala. Pregunta qué vio el rey cuando decidió ayudar al ermitaño. Después lleva la conversación a una decisión cotidiana: ¿a quién estamos escuchando y de quién nos falta saber algo antes de decidir?
Para leer el cuento
Tolstoy, L. (2009). Three questions. En What men live by and other tales (L. Maude & A. Maude, trads.). Project Gutenberg. Consultar la edición digital en inglés

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